Dos lobos

Inventario de una ciudadana Europea sin intenciones académicas ni científicas

Hablemos de Europa y de la crisis que se supone es una oportunidad para cambiar. Cuando un tren se descarrila (siendo el tren aquí el sistema bancario internacional) es comprensible que el primer impulso sea averiguar qué constelación de errores, fallos y negligencias causó semejante desastre.

En este foro varios expertos explicaron con exactitud la cadena de circunstancias que llevó a la crisis extendiendo el análisis hacia la sociedad que labró el terreno en el que la cadena de hechos fecundó el desastre.

Me llamaron la atención dos términos usados con frecuencia: codicia y sistema. Tanto en los análisis de los autores como en los comentarios subsecuentes dando así la impresión de que hay un campo de batalla en el que están los buenos de la sociedad solidaria de un lado y el sistema malévolo del otro.

Creo que este enfoque en vez de resolver el tema lo agudiza. Al mas tardar desde Sigmund Freud (1856 – 1939) nos hemos enterado de un curioso fenómeno de la mente humana llamado proyección. El traslado de un proceso interior hacia el exterior. Igual que en una linterna mágica la imagen creada por el alma es proyectada hacia la pantalla de la realidad exterior. Lo que encontramos como algo desagradable e inaceptable dentro de nosotros lo proyectamos sobre cualquier pantalla que nos parezca adecuada. Siendo que esta pantalla puede ser una persona, un gobierno, la Iglesia, la Justicia o el mismísimo Dios.

Al proyectar con entusiasmo y ganas nos olvidamos que el sistema – del que dicen tiene el afán de controlar, manipular, idiotizar y explotar al individuo – somos nosotros. Constituimos el sistema, cada ciudadano uno por uno sin excepción. Mientras tachamos a un sistema de totalitario y abusivo nos olvidamos percibir cuán totalitarios y abusivos son nuestros pensamientos al demandar de los de arriba que lo solucionen todo de acuerdo a nuestra necesidad más urgente de turno.

Mientras analizamos industriosamente el descarrilamiento bancario global poniendo en duda su moralidad (- el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra – expresó Jesús en un arranque burlón. Se me ocurre esto mientras pienso en los pasatiempos populares llamados evadir impuestos, infringir reglas de tránsito, no cumplir con lo dicho y otras mentiras de poco calibre) nos olvidamos de valorar el tesoro cultural y social que actualmente tenemos en manos en Europa.

Sesenta y cuatro años de paz (desconsiderando las trágicas bombas de la ETA o de la IRA y otros actos terroristas que sacuden a cada tanto nuestra sociedad), dictaduras superadas, educación y formación profesional de la mayoría de la población, seguridades sociales, sistemas de salud públicos por nombrar lo más básico. Hoy en día una persona que cobra asistencia social del estado alemán (unos 350 Euros al mes) disfruta de una calidad de vida más elevada que un hidalgo de Mecklenburgo-Pomerania Occidental en el siglo XIX. Creo que no me equivoco en decir que es el nivel de vida más elevado que Europa haya usufructado desde hace mucho tiempo.

No cierro los ojos frente a la pobreza, a la analfabetización, a la falta de integración de grupos sociales marginados, a la violencia social, a la rigidez de la burocracia, al abuso del poder, a la corrupción, a la manipulación de los medios de comunicación de masas ni mucho menos. Soy conciente de que estos son asuntos latentes y explosivos que pesan sobre nuestra sociedad.

A lo que sí quiero apelar es que seamos concientes del alto nivel de formación y competencia de nuestros ciudadanos a la espera de ser explorado.

Si enfocamos el desastre del tren descarrilado desconsideramos la multitud de expertos con recursos y voluntad de aportar soluciones inovadoras.

Intrínseco en cada individuo y por ende dentro de la sociedad residen dos lobos. Recurriré a una fábula cherokee para ilustrar la propiedad de cada uno de ellos.

Un anciano cherokee le habla de la vida a su nieto. – Hay una gran batalla dentro mío – le dice al chico. – Es una lucha terrible. Es una lucha entre dos lobos. Uno es el mal – él es la envidia, la codicia, la arrogancia, el resentimiento, la inferioridad, la mentira, la soberbia. El otro es el bien – continua el anciano – él es la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la amabilidad, la empatia, la generosidad, la verdad, la compasión y la fé. Esta misma lucha ocurre dentro tuyo. Y dentro de cada uno de nosotros.

El nieto se queda pensando en lo que le había dicho su abuelo y pasado un tiempo le pregunta – ¿que lobo vencerá?

El anciano simplemente responde – el que tú alimentes.

Podemos elegir qué enfocamos. Las brechas que surcó la crisis en nuestra sociedad o los abundantes recursos que esta misma sociedad tiene a su/a nuestra disposión. A Europa le vendría bien que cada ciudadano eligiera la última opción.

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